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Carta para los Interesados en la Escuela de Capacitación Profesional de Laura Gutman
Mi Escuela se basa principalmente en el estudio y la práctica de la metodología de la construcción de la biografía humana, que he desarrollado durante muchos años. Es una metodología de indagación personal, terapéutica, al servicio de hombres y mujeres adultos.
El primer año es sencillo. Yo hablo durante todas las clases. Pero al mismo tiempo, a los aprendices se les sugiere participar en un grupo donde dos profesionales de mi Equipo de trabajo, van a ayudarlos a lo largo del año a construir la propia biografía humana. Y dentro de ese grupo de indagación personal, los demás compañeros son testigos de cada proceso. Como la mayoría de los aprendices son profesionales experimentados en otras áreas, este sistema de volver a revisar la propia historia, genera rechazos y cierta pereza. Pero yo entiendo que no hay “formación profesional” posible, si no pasamos por el tamiz de nuestros propios personajes y nuestras ideas preconcebidas.
Todo el primer año transcurre en el descubrimiento de nuestros personajes y sobre todo, en el acercamiento a la realidad emocional de nuestra infancia, que casi siempre ha sido más carente, solitaria y maltratada de lo que imaginábamos.
Para muchas personas, este tránsito ya es demasiado doloroso. Quienes aún tienen voluntad y entusiasmo, emprenden el segundo año de la Escuela. En el transcurso de ese año, aprendemos a trazar los “mapas familiares” personales. Es decir, dibujamos las escenas familiares completas, tanto las de la infancia como las de la actualidad, y miramos “desde afuera” todos los movimientos. El grupo entero de aprendices es testigo de cada mapa. Podemos decir que cada aprendiz “presta” su historia y su organización de luz y sombra, para el estudio. Al finalizar el año, hemos atravesado las dificultades, las cegueras y los prejuicios, que son los obstáculos más frecuentes para el abordaje de cada biografía humana. En paralelo, los aprendices continúan además en sus respectivos grupos de indagación personal, dando aún más vueltas en espiral sobre sus propias biografías.
En ese punto, casi todos han tenido la experiencia personal y grupal de lo ingrato y doloroso que puede resultar este trabajo. Estamos buscando sombra. Si buscamos sombra, en general no nos vamos a encontrar con nada bonito. Vamos teniendo un acercamiento mayor a realidades emocionales tristes, violentas, hostiles, áridas y casi nunca reconocidas.
Luego de dos años, hago una elección subjetiva. Simplemente elijo entre mis aprendices, aquellos que me parecen que podrían estar en condiciones de trabajar en el futuro en mi Institución, bajo esta modalidad. Para ello, doy importancia al proceso que han hecho a lo largo de esos dos años. No me importa la formación profesional anterior (quiero decir exactamente eso: no me importa si son médicos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos, abogados, arquitectos, maestras, profesores de yoga, enfermeras, buscadores sin rumbo, amas de casa, jóvenes o viejos, hombres o mujeres, con hijos o sin hijos, heterosexuales u homosexuales. No me importa. De hecho, no pido ningún requisito para ingresar en mi Escuela, salvo la intención de abrir el corazón y comprometerse emocionalmente). De cualquier manera, valoro el proceso personal que cada individuo ha hecho desde una apreciación personal y subjetiva, por lo tanto, colmada de inexactitudes y de errores.
Esas personas elegidas, cursan un tercer año de aprendizaje. Se constituyen en “practicantes”. El sistema funciona así: mucha gente se comunica con nuestra Institución pidiendo asistencia. Algunos no pueden pagar los honorarios. Entonces tenemos un servicio de asistencia “con honorarios institucionales”: un eufemismo raro utilizado en Argentina que significa “por menos dinero”. Esas personas que pagan menos, serán atendidas por alguno de estos “practicantes” que son egresados de mi Escuela, y a quienes les derivamos “consultantes reales” para ser asistidos siempre bajo la metodología aprendida, es decir, la organización de la biografía humana. Siempre, siempre, siempre, no importa cuál sea el motivo de consulta aparente. Durante este tercer año de aprendizaje, mi supervisión es permanente, caso por caso, entrevista por entrevista.
Este tercer año suele ser muy arduo. Es un brutal encuentro con la realidad. O más específicamente con el abismal agujero emocional de la mayoría de los consultantes. Mi compromiso sigue siendo muy dedicado y personal. Cada practicante se enfrenta a sus limitaciones, sus miedos, sus dificultades, su propia ingenuidad y su sombra.
Al terminar el tercer año, me encuentro en una nueva situación de antipática elección. Elijo a las personas que considero están en condiciones de trabajar dentro de mi Equipo propiamente dicho. Cada año es diferente. Algunas personas siguen su propio camino profesional, y se llevan todo lo aprendido para ejercer en sus diversas profesiones. Otros ingresan a trabajar conmigo. El trabajo que realizamos apunta siempre a la búsqueda de la propia sombra.
Por eso, formarse como profesional en mi Escuela requiere por sobre todo, atravesar el proceso personal de la construcción de la biografía humana, diseñar nuestro mapa, revisar nuestros vínculos, tener claridad sobre nuestros propios personajes, detectar por boca de quién hablamos, revisar nuestras guerras, confrontar con nuestras miserias, nuestros miedos y todos nuestros mecanismos de supervivencia.
Toda esta explicación pretende hacerles saber que esta Escuela no asume ninguna posición ideológica respecto a la crianza de los niños, ni respecto a ninguna otra área de la experiencia humana. Nos interesa abordar con mayor consciencia la realidad de todo aquello que no recordamos respecto a nuestras infancias, pero que mueven los hilos de la totalidad de nuestras vidas, para luego implementar este sistema en el acompañamiento de los procesos de indagación personal de otros adultos. Ofrecemos una metodología probada, eficaz, conectada, profunda y honesta que con entrenamiento y dedicación, puede convertirse en un nuevo oficiopara quienes así lo deseen. Espero haber sido clara. A quienes quieran probar este camino, los espero con los brazos abiertos.
Laura Gutman
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